Dreams are renewable. No matter what our age or condition, there are still untapped possibilities within us and new beauty waiting to be born.

-Dale Turner-

jueves, 22 de marzo de 2012

En este mundo los penes sobran


-A ver, a ver ¿qué carajo estamos haciendo, Mayra? ¿Te has puesto a pensar que así como estás no podrás ni apretar el gatillo? Creo que ni pararte puedes.

- Tú eres la cobarde. Mírame a la cara y dime que no necesitas esa plata, huevona. A la justas hemos pagado este cuartito de mierda. Nuestras últimas quince lucas se fueron al tacho, solo por venir a chupar aquí.

- Ya no te quejes, cojuda que la estás pasando bien ¿sí o no?

- Algo... Pero, dime ¿qué te dijo el negro el otro día?

- Que tu le gustabas mucho, pero sabes que amiga ese negro es un perro. Me han contado que lo han visto con esas putas de las 13 de México.

- Eso no me importa. Yo solo quiero su billete y después lo dejo tirado. ¿O es que crees que yo me voy a enamorar de semejante tipo?

- Bueno, una nunca sabe. A veces te engachas con esos tipos por plata o, en el peor de los casos, por amor.

- No digas cojudeces, yo conozco al hermano del negro, el tal Richard. Uno flaquito que siempre anda con camisa amarilla. Pareciera que el pobre no tiene más ropa para ponerse. Él es buena gente.

- Ah, sí lo he visto un par de veces por el mercado. Dicen por ahí las viejas que está medio fallado.

- No jodas, ¿en serio?

- Sí, el otro día Marleni, la que vende fruta, me contó que lo vio conversando en la madrugada con el cabrito ese que corta pelo en la esquina del barrio.

- ¿Con la Britania?

- Con esa misma. Bien agarraditos de la mano, dice. Pero, no se lo vayas a contar al negro que lo mata a su hermano.

-Sí, ya se.

-Ya, bueno. Dejémonos de tanta charla y vamos al grano, Mayra. ¿Le metemos plomo de frente al tombo para entrar?

- No lo sé. Creo... Es que... Yo pienso... Mejor sería...

-A ver, a ver, a ver atarantada. Primero, te tranquilizas que así muñequeada no vas venir conmigo.

- Es que nunca lo he hecho, pues.

-Para todo siempre hay una primera vez, viejita. Así que te aguantas, te acabas esa botella, te pones el pantalón, y nos largamos de aquí.

-Listo, pero antes quiero dejarle una velita a la santita de la quinta. Para que nada malo nos pase.

-¿Qué? ¿Tu estás loca? ¿Acaso quieres que todo el barrio se entere?

-No, pero...

- ¡Nada, cojuda! Cámbiate y vámonos que ya van a ser las cuatro.

-Dame un segundo.

Cuando salieron del cuarto, el tipo de la ventanilla de cobranza les dio los cinco soles de vuelto con desgano. Volteó el periódico para mirarles el culo, y ellas le mostraron el dedo medio. Mayra y su amiga caminaron por la calle hasta llegar al parque de la Reserva. Pararon un taxi y le preguntaron cuánto les cobraría hasta San Miguel. El chofer le miró las tetas con descaro a Mayra. Ella se avergonzó. Su amiga subió al vehículo sin entender la tarifa. No quería que Mayra se sintiera más nerviosa.

-¿Todo bien?

-Sí. Más o menos.

- Cálmate que así se van a dar cuenta.

-¿Te sobró algo de trago?

-Sí, aquí tengo un poco.

-¿Y tu qué miras imbécil?

-Oye tranquila. Déjalo que maneje. ¿O es que acaso no se puede deleitar con esta ricura?

- Mayra de mierda. Deja de chupar que ya estás media borracha.

-Un traguito más y te devuelvo tu puta botellita.

- ¡Carajo! No debimos ir tomar nada.

- Ya fue pe'.

- Aquí en la esquina nomás nos dejas, papito.

Ambas bajaron del auto. Mayra se acercó a su amiga y le preguntó cómo le pagarían al taxista. Ella la jaló del brazo sin dejarla terminar la frase. El chofer del taxi salió a perseguirlas. La gente volteaba a ver la escena. Dos mujeres eran perseguidas por un tipo delgado y mal afeitado. Sin duda era un delincuente. Un señor intervino y capturó del cuello al pobre hombre.

-¿No te da vergüenza robar inútil?

-¿Qué hablas huevón si son ellas las que no me han pagado la carrera?

El tipo desconcertado soltó al hombre que solo atinó a mirar cómo las mujeres se desvanecían en la multitud.

- Creo que ya no nos está siguiendo.

-Sí. Espérate Mayra que necesito un poco de aire.

- Tú eres la cagada, pendeja. ¿Cómo te vas a bajar sin pagar, eh?

- ¿Y de dónde, pues? Si todo te lo tiraste en tu borrachera y en el cuartito ese.

- Ya, ya. No me grites que pareces mi vieja.

Las jóvenes se arreglaron la ropa y caminaron con calma por la calle. Todos los hombres volteaban a mirarlas. Qué placer observarlas. Continuaron su rumbo hasta estar cerca de su destino. Ambas se miraron. Se abrazaron en silencio. Esperaron que pasara el último peatón para cogerse de las manos y darse un beso.

- Te quiero, maldita.

- Y yo a ti, puta.

Mayra sacó el arma de su bolso y corrió con todas sus fuerzas hacia la puerta del banco. Apuntó directamente a la cabeza del policía y sin reparos le voló los sesos. Su compañera se amarró el cabello y lanzándole un beso desde lejos entró con el revolver en la mano.

- ¡Todos al suelo, carajo! Al primero que se mueva me lo enfrío.

- Esto es mejor que el sexo, viejita.

- Ni que lo digas. ¿Qué tal tu primera vez, ñañita?

- Nada mal, nada mal.

Uno de los administradores trató de correr hacia la zona de la alarma, pero la amiga de Mayra lo observó por el rabillo del ojo y sin mirar le agujereó la espalda con tres tiros. La gente entró en pánico. Un charco de sangre empezó a llenar la sala. Las mujeres miraban con horror a la compañera de Mayra.

- ¡La plata, cojuda! ¿O es que hemos venido a enseñarles cómo matamos gente?

- Sí, ahí voy.

- Hey, tú, huevón ¿dónde mierda tienen la plata?

El joven empezó a temblar al escuchar la pregunta. Con temor señaló la caja de seguridad y sin pensarlo saltó a abrirla. Soltó todos los fajos de billete dentro de la cartera de Mayra y regresó a esconderse detrás del escritorio.

-Listo, amorcito nos largamos de aquí.

- Vámonos.

Pasaron treinta minutos para que las sirenas de los policías sonaran en la escena del robo. Todos lloraban. Nadie podía contar lo que había sucedido. ¡Dos mujeres! ¡Dos chicas!, decían algunas señoras. Mientras tanto, un suboficial en su primer día de trabajo cubría al hombre baleado. Sentía mareos. A lo lejos, el joven que abrió la caja fuerte contaba nervioso los hechos al oficial. Todo fue rápido. Era poco probable que las atraparan.

- Ves estúpida, te dije que era fácil.

- Sí, ya veo. ¿Y ahora a dónde vamos?

- ¿Unos traguitos?

- Listo. ¿En el mismo telo?

- Claro que sí, mi amor.