“EL TIEMPO NO ESTUVO PERDIDO, SI TODO LO QUE PASASTE EN ÉL FUE PERMITIDO” Para no involucrarla, o mejor dicho, para que no se sienta involucrada y ultrajada, por haber tomado su caso como ejemplo, le pondremos como nombre Z, pero no necesariamente porque sea la última letra del abecedario y eso implique menos importancia, no, simplemente porque su verdadera identidad justamente comienza con zeta.
No recuerdo exactamente quién inicio la conversación, pero sí recuerdo en algo el sub Nick que acompañaba su simpático Nick donde solo dejaba leer su nombre con espontáneos y alegres retoques que le daban vida a unas letras que de por si son más que frías proviniendo de un insulso cuadrado que nos acerca un poco y nos hace la comunicación en ciertos aspectos más fluida. La ventana del msngr.
Comencé como de costumbre a molestarla, proporcionándola de piropos, a la opinión de ella, un poco tontos, pero que le producen cierto rubor escondido en ánimos de risa.

“Ok. Fuera de las bromas y todo ello, que pasa, sabes que puedes confiar en mí porque eres mi pata”
Ella de inmediato respondió a mi bondadosa inquietud con un tierno “ohhhhh que linda” y sonrió con esos iconos que te hacen pensar que los gestos virtuales pueden alegrarte el alma. Siguió con su respuesta. “el amor es solo hormonas”. Gran frase, “no quiero saber nada del amor, es una mierda, ¿sabes lo que es estar sola más de un puto año?, pucha a veces por la chacota y los amigos una se muestra contenta, pero en realidad no siempre es así, todos son iguales”.
Atenta a lo que escribía, iba imaginando todo lo que a sus escasos 21 años había pasado y lógicamente por todo lo que aún le falta experimentar.
Mi respuesta era casi simultánea.
No todas las personas son iguales, es cierto que hay muchos que se creen pendejos, pero también hay gente que quiere de verdad y no pendejea, hay gente que de verdad se enamora.
Esa fue mi respuesta, pero mi reflexión es la siguiente: a todos los seres humanos racionales (hay algunos que no razonan) les pasa lo mismo, incluso a los que no tienen esa facultad de raciocinio. En mi vida amorosa he pasado exactamente por lo mismo que Z, he llorado mares por algún amor loco que me llenó la cabeza cuando adolescente, he sentido en carne propia lo que es el engaño, la mentira, la falsedad y el abuso exagerado de la palabra te quiero cuando no lo sienten.
Pero eso te enseña, en ocasiones te reconforta y te devuelve a la vida sana y salva, fresca y con ganas de seguir enamorándote de lo que de verdad vale la pena. ¿Quién ha dicho que no se sufre cuando se ama? Esa regla es inexistente en estos tiempo de bohemia y frenesí, si vas a amar a alguien hazlo bien, de lo contrario no le jodas el tiempo a la otra persona, pero si te equivocas al elegir disfruta del equivocado mientras encuentras el indicado, las reglas están puestas, solo úsalas.
No, “!todos son hormonas!” me respondió, obviamente se refería al sexo, mas no al amor, a que los hombres todo lo ven tirar y que muy pocos (por no decir ninguno) se enamoran.
Lo cierto es que Z tenía una posición bien marcada con respecto al enamoramiento y a las cosas locas que trae consigo ese sentimiento. Y no es que yo aun siga creyendo en que los pajaritos vuelan y las estrellas en el cielo solo brillan cuando estás flechado, sino al contrario, trataba de hacerla sentir del todo bien, o al menos un poco mejor para que no siga creyendo en eso de las hormonas.
La conversa se había alargado por casi más de veinte minutos, lo que me contaba me resultaba interesante, pero mi consigna esa noche era salir en busca precisamente de lo que Z huía, el amor.
Se lo dije pero me respondió alegando que mi argumento era muy cursi, “bueno, me voy en busca del amor”. Me despedí en primera instancia.
Respondió: “hay que cursi eres, en busca del amor”, repitió, obviamente esa frase fue solo un decir, un chispazo fulminante en mi mente, yo no iba a buscar a nadie con ese nombre: amor, no, solo salía en son de catarsis y mas nada. Para ese momento yo ya lo tenía planeado, (justo había venido a visitarme una amiga a la cual denominaré R) y de pronto siendo domingo coincidimos en que debíamos salir por unas horas a ver cómo estaban las frías calles de la ciudad, salimos con la consigna de ver a alguien de la que semanas atrás habíamos quedado prendidas por su exuberante y tierna belleza a la vez, combinación perfecta que encajaba a tono con su delgada figura. Pero esa historia, es otra.
Me despedí de Z escribiéndole que la quería mucho, que ya no piense en esas cosas tontas y que se cuidara, al inicio de la conversación habíamos brindado, ella con un vaso con algún licor que no recuerdo y yo con un vaso con agua que R me alcanzó de la cocina, salud, por el amor aunque nefasto en ocasiones, te alegra y te contenta la vida cuando verdaderamente te llega.

